Los jardineros de Punta del Este

 

 

Este famoso balneario no solo se llena de turistas de todo el mundo y de personalidades del jet set. Los jardineros también son protagonistas. Con sus motos y carros van por las calles desde que el sol se asoma por el horizonte. La fluctuación de habitantes en esta zona es alta: en invierno solo viven 109.000 personas, pero en verano llegan a más de 500.000, según datos de la Oficina de Turismo. Por esta razón es que los jardineros son los personajes principales los 365 días del año. Sin ellos, los hermosos jardines de Punta del Este y los alrededores no mantendrían su mundialmente reconocida imagen.

 

Texto y Fotos: Catalina Marzorati-Strauß

País: Uruguay

 

¿Quién se atrevió a decir que solo a los pájaros les pertenece la madrugada o a algún deportista corriendo por las ramblas de Punta del Este? A esta hora y en esta zona el “show” es de los jardineros. Desde el amanecer se escucha el sonido de motos de parquistas y jardineros transportando sus herramientas en carritos o pequeños remolques por las avenidas de la costa. Son cientos de ellos, que día a día se encargan de mantener los hermosos parques y jardines de las casas de fin de semana de muchos uruguayos y de una gran cantidad de extranjeros.

 

Estas costosas casas se encuentran en su mayoría inhabitadas durante gran parte del año. Solo durante la temporada de verano o en los fines de semana largos recobran vida. Una vida que durante todo el año los jardineros, parquistas y caseros se ocupan, con su permanente trabajo, de mantener. La imagen es perfecta, intacta, casi irreal para el observador, mientras los jardineros esperan el regreso de sus patrones.

 

Los dueños vienen de Europa, por eso hay que dejar todo listo”, nos comentaba un jovencito que no pasaba los 15 años y estaba juntando las hojas caídas de una casa con nombre alemán. “Este fin de semana llegan los patrones de Argentina, no puedo moverme”, agregaba una mujer vestida con cofia blanca y gris, mientras sacaba las flores marchitas de un complejo frente al mar, unos días antes de Pascua.

 

Por las noches el trabajo de los jardineros se ve favorecido por las luces que ellos mismos han colocado estratégicamente en diferentes lugares. Esto permite darle más valor a cierto tipo de árboles o a sus formas que durante el día pasan desapercibidas.

 

Hoy hace frío y el viento del sur sopla fuerte. La temporada ya ha terminado. Las calles están más tranquilas. La mayoría de los negocios y restaurantes han cerrado; los turistas se han ido. El trabajo de los jardineros en esta época es para todos muy claro: “Ahora hay que podar, plantar bulbos, preparar la casa y el jardín para el invierno. Acá chifla el viento fuerte, señora”, nos dice uno de ellos y sigue llevando tierra de lado a lado del jardín provocando así desniveles que corten el viento.

 

 Una forma de vida

 

Alfredo, un jardinero que ha trabajado desde los comienzos de Punta del Este y en sus alrededores en el parquismo de muchos complejos turísticos, nos cuenta el fenómeno de este oficio. Lo encontramos haciendo el parque de una chacra de una pareja extranjera que se viene a radicar a Uruguay, no muy lejos de la costa. Nos cuenta que el fenómeno de ser jardinero “es una forma de vida”.

 

A él lo une el amor por la naturaleza ya que este oficio no tiene ni día, ni horario. Incluso en Navidad, Alfredo ha estado regando el césped a las cinco de la mañana en la Rambla de Punta del Este, que había plantado el día anterior. “Son recuerdos que cada vez que pasa uno no dice: ‘Me perdí una Navidad por esto, sino es al revés, yo estuve en Navidad y lo regué’. Eso es algo bueno”.

 

No todos pueden vivir dignamente de este oficio y mantener una familia, explica Alfredo. Según él, este trabajo se divide en tres partes: el paisajista que se dedica a diseñar y mantener parques más complejos; el jardinero que mantiene y diseña los jardines de menor rango; y el cortador de pasto. “Es la persona que se queda sin el trabajo habitual y opta como modo de vida, hasta que consiga otro trabajo definitivo, ser de cortador de pasto”.

 

Es más”, enfatiza Alfredo, “lo primero que uno se compra cuando se queda sin trabajo es una cortadora de pasto y con eso sale a hacer changuitas”. Hay de todas las edades, se puede ver desde chiquilines que tienen 14 o 15 años, con una motito, la desmalezadora, una escobilla para juntar, hasta otros con una moto que tiene un carrito. “Ahí te das cuenta que no son personas que están establecidas ni que tienen una empresa. Los que están más establecidos, tienen un vehículo de cuatro ruedas”, cuenta.

 

Alfredo sonríe y me dice: “La forma más linda de trabajar es a ‘lápiz libre’. Esta opción te da libertad económica y una mejor planificación del paisajismo. Tú puedes hacer lo que quieras, luego que aceptaron tu propuesta”. Pero esto sucede generalmente en proyectos de gran envergadura que llevan hasta 3 meses de trabajo y con muchos trabajadores. “En el Club del Lago, por decir, se sacaron 120 camiones de ramas porque había que desmontar una parte, hacer limpieza, poda y eso”, recuerda.

 

Su historia…

 

Pero en realidad, los comienzos de Alfredo fueron otros. Se vino del norte, de Salto, de una familia con tradición hortícola. Cuando llegó a la costa comenzó a trabajar con su mujer como casero para unos argentinos: el ser cuidador de las casas y parques de las chacras de los extranjeros durante el año cuando ellos no están es un oficio muy usual en Uruguay.

 

Yo vivía en una casa haciendo mantenimiento y como algo extra comencé a trabajar de jardinero. Luego empecé a agarrar más clientes y llegó un momento que se puso todo en la balanza. Y bueno, había un futuro por ese lado y nos fuimos bancando y hoy día podemos vivir dignamente de esto”. Para ese entonces él tenía ya 30 años y como todos, comenzó también con una moto, una desmalezadora y un carrito atrás.

 

A Alfredo le brillan los ojos cuando cuenta de los proyectos que ha podido planificar en tantos años: ha hecho parques con puentes de madera que cruzan los tajamares del jardín, plantaciones de olivos, o incluso ha trabajado para personalidades como Giordano, o el nieto de Amalita Fortabat. “Pero esos fueron solo trabajos puntuales”, agrega humildemente. “Generalmente los he conseguido a través de empleados que trabajan para ellos. Eso ocurre porque las grandes empresas no han culminado el trabajo o porque los dueños no estaban contentos con el resultado final”.

 

 Más de 14 años han pasado desde sus comienzos como jardinero, enfrentándose a todo tipo de clima cerca de la costa uruguaya. Este es un oficio que demanda mucha resistencia física y capacidad logística. En algún momento de su trayectoria optó por el parquismo rural, más cerca del pueblo de Edén, donde él vive con Silvia, su mujer. La diferencia con la ciudad es el tamaño de los parques, y por esta razón su planificación en tiempo y las maquinarias necesarias para hacer el trabajo son mayores.

 

Alfredo maneja el oficio, sus dificultades y mañas. Él conoce la diversidad en la calidad de jardineros y ayudantes. “Hay de todo, cualquiera puede ser jardinero” dice. Y al mismo tiempo continúa sonriendo: “Pero hay buena gente también, hay que saber mirar”.

 

Antes de levantarse para seguir con su trabajo, Alfredo, tranquilo, nos revela el secreto del porqué al menos él es hasta hoy día jardinero: “Sabés, hay un dicho que dice: ‘Si hacés lo que te gusta es libertad, si te gusta lo que hacés es felicidad’”.

 

Punta del Este en números

 

— La población fija de Punta del Este (Departamento de Maldonado) es de apróximadamente 130.00 habitantes. En los veranos sube a aproximadamente 450 mil a 500 mil habitantes (en su gran mayoría extranjeros).

 

— Cerca de un 15% posee una casa o departamento en Punta del Este o sus alrededores. Lo que es curioso es que la mayoría de los edificios son de capitales extranjeros que luego son alquilados en la temporada a otros turistas.

 

— Un alquiler va desde los 100 dólares americanos hacia arriba, la noche.

 

— Los sueldos de los jardineros se dividen en dos formas: jornal, en el cual la persona trabaja y cobra por día de ocho horas de trabajo. En este caso cobran de 800 a 2.000 pesos uruguayos diarios (US$ 30 a US$ 80). La otra alternativa es por trabajo a hacer: en este caso se cobra generalmente en dólares americanos.

 

— Según el sindicato de trabajadores no es posible dar un número fijo de jardineros. Al igual que las mucamas u obreros, es una rama en la que se trabaja mucho ilegalmente. Solo los que abren una empresa pagan impuestos y están anotados. Por familia hay un promedio de al menos una persona que trabaja en este rubro o en la construcción.

 

©veintemundos

 

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