La magia de los “chicken buses”

 

 

¿Quién no conoce o no ha escuchado hablar de los famosos chicken buses en Guatemala? Algunos piensan que este medio de transporte es peligroso y aterrorizante; a otros, les parece mágico. Estos buses multicolores, que recorren todos los rincones de Guatemala, eran autobuses escolares estadounidenses. Hoy constituyen una forma tradicional e indispensable para movilizarse en este país. En esta nota, podrán conocer además a Julio Amilcar Ambrocio Ramírez, propietario de los chicken buses y… alcalde municipal.

 

Texto y fotos: Cory Jung Ah Unverhau
País: Guatemala

 

Pensé que después de múltiples viajes por México en combis y camiones para ganado repletas de personas, brincando a cada rato por agujeros en las carreteras, ningún transporte ya me podría sorprender. Hasta que me subí a un chicken bus en Guatemala. ¡Nunca, en toda mi vida, había visto algo parecido! No es como ningún sistema de transporte público.

 

Recuerdo mi primera impresión: una fila de autobuses escolares pintados de los colores más brillantes que pudiera imaginar (rojo, azul, esmeralda, amarillo, rosa), pasando despacio por callejones y rodeados por puestos de mercado y vendedores quienes ofrecían desde plátanos fritos y tamales hasta pizza y artesanías, y ayudantes gritando los nombres abreviados de los destinos: ¡“Xela, Xela”! En mi país, Alemania, es imposible ver algo parecido.

 

El haber transformado viejos autobuses escolares de EE.UU. y Canadá en un sistema de transporte rápido, barato y multicolor constituye una parte de la magia de los chicken buses en Guatemala. No hay ninguna vuelta, colina o callejón que los choferes no pueden manejar.

 

En Londres, los choferes de los famosos black cabs tienen que memorizar alrededor de 25.000 calles, entre otras cosas, para aprobar el examen de conducir. Al parecer, el examen para conducir chicken buses consiste en dominar con elegancia cualquier vuelta, calle y carretera sin chocar o rascar otros vehículos, paredes de casas o peatones. Curiosamente, en un asiento pensado para dos niños escolares caben 4 personas adultas bien apretadas así que no te preocupes cuando el bus vaya muy rápido en las curvas porque no hay donde caerse.

 

 Entre ruidos y pomadas

 

Justo cuando tienes antojo de comer una sabrosa sandía o simplemente tomar agua, pero no quieres bajarte para no perder tu asiento o no puedes moverte, aparecen, de la nada, los vendedores. Al parecer, traen toda su tienda delante o sobre la cabeza en enormes canastas, aprovechando los pocos minutos antes de que el bus gane velocidad y empiece su camino.

 

Estas personas dominan el arte de subir y bajar de los buses en un abrir y cerrar de ojos. Es recomendable tener siempre una reserva de sencillo porque muchas veces la gente no tiene cambio. Si no, pasa lo que me pasó a mí una vez: la vendedora puso su canasta de bebidas en mi asiento y salió en segundos gritando que iba a regresar con el cambio. Desapareció entre los puestos de mercado mientras el bus iba por la salida y yo con una canasta llena de botellas y latas a mi lado preocupada por la señora. ¿Qué hacía yo si no regresaba? La pobre necesitaba sus productos. ¿Y me daría mi cambio? Pocos minutos después, volvió con una gran sonrisa en la cara, dándome el cambio y mi botella de agua.

 

La habilidad de los choferes de escuchar a los pasajeros pidiendo que paren por encima de la música a todo volumen y el motor ruidoso del bus, es mágica. Sobre todo cuando yo apenas me escucho a mí misma hablando. Por si esto fuera poco, están también las personas que parecen tener enormes pulmones porque al hablar sobresale su voz. En uno de mis viajes subió un señor con su maletín que en 10 minutos explicó sobre pomadas medicinales y pastillas naturales de bajo costo sin importar las curvas, ruidos y la música.

 

Tan rápido como subió bajó para buscar potenciales clientes en otro bus. Poco tiempo después entró una señora que cantaba en su lengua originaria. Yo estaba asombrada por el caleidoscopio de impresiones, olores y ruidos dentro del bus.

 

¡Todo a la parrilla!

 

La primera vez que subí a un chicken bus iba a pagarle al chofer. Pero el ayudante me señaló un asiento y me dijo que debía esperar a que él llegase a pedir el dinero. Es increíble cómo el ayudante se mueve a través del poco espacio para cobrar el pasaje de cada persona. Incluso, si es necesario, ¡sube a la parrilla del bus yendo a alta velocidad para recolectar el dinero por la ventana! A veces, por falta de espacio camina sobre los asientos para cobrar.

 

 Pero ahí no terminan sus habilidades. El mismo ayudante toma las maletas, mochilas y otro equipaje y los avienta uno por uno, como si no pesaran nada, a su compañero que está arriba del bus para amarrarlos sobre la parrilla. Arriba puede haber de todo: gallinas, ganado, maletas, mochilas, leña, cajas de productos frescos, rollos de papel del baño, etc.

 

De chofer a alcalde

 

En un principio vi los chicken buses con los ojos de un turista. Sin embargo mi perspectiva cambió cuando conocí a Julio Ambrocio. Él es propietario de varios chicken buses que prestan servicios conectando distintos departamentos como Huehuetenango, Quetzaltenango y la capital. Antes manejaba esas camionetas involucrándose en toda la empresa de su familia, pero hoy en día es gerente y administrador.

 

¿Y cómo nació la idea de tener chicken buses? “En el año 1986 mi padre compró un transporte de carga en la capital y empezamos a prestar servicios para llevar café de un municipio a otro”, recuerda Julio Ambrocio. En ese entonces, un camión costaba Q 25.000 (US$ 3.300 aprox.). Para pagarlo tuvieron que vender una parte del terreno donde cultivaban café.

 

En 1995 la familia empezó a gestionar algunas líneas para trasladar a gente entre los municipios, ya que solamente había un transporte que iba a Huehuetenango. Sus buses se destacan tanto por la calidad del servicio como por la puntualidad, amabilidad y cobertura. Actualmente, cuentan con una planilla de 50 trabajadores, entre ellos conductores, ayudantes, oficinistas y cargadores.

 

Su trayectoria empresarial y el ser indígena influyeron en que Julio Ambrocio fuera electo alcalde San Pedro Necta en 2008. La población de este lugar es mayormente indígena, con un pequeño porcentaje de ladinos. Durante este periodo, formó un equipo de gestión integrado por las dos etnias indígena y ladino y trabajó proyectos incluyentes.

 

Por su desempeño y visión empresarial, la gente lo eligió nuevamente como alcalde para el período 2016-2020. “Hoy somos el único municipio que propone una coordinación internacional con la Unión Europea. Logramos conseguir Q 7.000.000 (US$ 915.300) para la construcción de una planta de tratamiento de desechos sólidos”, explica. Dicho proyecto quiere incentivar a la gente que empiece a reciclar la basura y a la vez generar empleo.

 

Uno de los retos que ve el alcalde es la generación de empleo a través de inversiones en la educación y formación, por lo tanto planea implementar programas de becas para jóvenes. La mayor parte del presupuesto será para la educación y la creación de micro, pequeñas y medianas empresas porque en su municipio es poca la gente que tiene comercios y una visión empresarial.

 

Buses y choferes

 

Los chicken buses deben su nombre a que varias veces transportan gallinas. Al llegar a Guatemala, los nuevos dueños los pintan de colores brillantes en un taller de transformación con el fin de atraer tanto a turistas como a locales. La práctica de manejar chicken buses como transporte de viaje se presenta también en Honduras. La vida de un chofer es difícil. Trabaja en un horario informal de lunes a domingo.

 

En cualquier momento puede surgir un defecto mecánico y él mismo tiene que reparar el bus. Por eso, muchas veces no sabe a qué hora llegará a su casa. Hoy en día, al menos, la ley obliga a que todos los buses tengan un seguro de vida. Se contratan choferes de manera verbal y bajo un porcentaje. Un criterio importante que cualquier chofer tiene que cumplir es prestar un servicio amable, puntual y de buena calidad.

 

El sueldo básico son Q 1.000 (US$ 130) mensuales. Aparte de lo que los choferes hacen durante el mes, generan una comisión sobre lo que van trabajando así que ganan alrededor de Q 2.500 (US$ 327) mensuales. Los chicken buses operan todos los días del mes.

 

©veintemundos

 

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