Madrid se rinde ante la “comida sobre ruedas”

 

 

En España cada vez es más frecuente encontrarse con camiones y furgonetas que ofrecen sabrosas comidas y artesanales bebidas en diferentes eventos. En Madrid existe una feria donde conviven comida casera y de autor, y que cuenta con la participación de sesenta camionetas y miles de asistentes. Es MadrEat, el mercado gastronómico que demuestra el éxito que la cultura de la comida sobre ruedas está teniendo en España. Pero ¿es una moda pasajera o una nueva propuesta? El debate está servido.

 

Texto y fotos: Elena Ayuso
País: España

 

Los carritos de comida son un clásico en países como México, Colombia, China o EE.UU. Hace un par de años, el popular cocinero español José Andrés, que cuenta con varios restaurantes en Estados Unidos y con el matrimonio Obama entre sus clientes, lanzó un camión llamado “Pepe” a recorrer el centro de Washington DC vendiendo bocadillos españoles.

 

En España, sin embargo, está prohibida la venta de comida preparada en la calle. A pesar de ser un país con larga tradición gastronómica “social”, donde comer entre amigos fuera de casa es lo habitual, se impone una normativa restrictiva dictada por la Ordenanza Reguladora de Venta Ambulante.

 

Con la ley en la mano, Patricia Mateo, directora de la agencia de comunicación Mateo&co, tuvo una idea: organizar un mercado mensual donde tengan cabida estos pequeños negocios. Con la ayuda de un grupo de cocineros nació “MadrEat”, el mercado gastronómico sobre ruedas de referencia.

 

Desde hace un año se reúnen en Madrid sesenta furgonetas ofreciendo comida variada, sabrosa y de calidad. Gran parte de ellos tiene en estos vehículos ambulantes su forma de vida. Otros son sucursales de reconocidos restaurantes que ofrecen así la posibilidad de comer a pie de calle lo que cocinan en sus locales sin necesidad de reservas ni mesas.

 

Variedad es la clave

 

Una vez al mes, de viernes a domingo, miles de madrileños se pasean por los jardines del complejo AZCA, el corazón financiero de Madrid. Allí, rodeadas de rascacielos aparcan las furgonetas ofreciendo comidas de diversas partes; todo un viaje por la gastronomía de diferentes regiones españolas y distintos rincones del mundo.

 

Una ruta gastronómica al aire libre, bajo el agradable clima madrileño, en los jardines de un complejo urbano formado por rascacielos. El mismo lugar que en la semana acoge a miles de ejecutivos durante el fin de semana reúne a personas que buscan darse un festín culinario. Diego Rodríguez, veterinario (32 años), es uno de ellos. “Agradezco la posibilidad de conocer nuevos platos o saborear clásicos nacionales y extranjeros; me gusta degustar nuevas variedades de cervezas artesanas o vermús”.

 

 Patricia Riva, coordinadora de MadrEat, señala que “lo que buscamos es ante todo calidad gastronómica. Y tiene que ir acompañada de buena presencia, buena logística y organización en el puesto para proveer el mejor servicio. Además, y para que encaje con el criterio del mercado, intentamos que las propuestas no se repitan más de un número concreto de veces. No queremos que haya exceso de puestos que vendan lo mismo”.

 

Cada mes cuentan con más asistentes, pero también con más incorporaciones. Como nos explica Patricia, en MadrEat se da cabida “a cocineros con ideas distintas, a amantes de la gastronomía en su estado más puro, a jefes de cocina menos conocidos pero con gran trayectoria, a artesanos que creen en la elaboración a mano”.

 

Para ello cuentan con un consejo asesor formado por un grupo de cocineros, un repostero y un sumiller que evalúan y supervisan todas las propuestas que forman parte del mercado. Con alguna “Estrella Michelin” en su haber, estos profesionales apuestan por ir más allá, incluyendo actividades como talleres y demostraciones.

 

Se viene el cambio…

 

Bajo el lema “No existe modernidad sin una buena tradición”, la camioneta “Graciana” acude fiel a la cita para servir sus empanadillas argentinas, uno de los bocados más solicitados por el público. Su elaboración artesanal y sus precios razonables son las claves de su éxito.

 

El equipo de Graciana, con Micaela Geminiani y Florencia Prieto al frente, cuenta con un restaurante de especialidades italoargentinas en el centro de Madrid, pero, según ellas mismas afirman, “es otra línea, pues allí lo que hacemos es cocina de autor”. Con su camioneta quieren ser fieles al concepto de “comida casera a precios asequibles”.

 

En Graciana se prepara el producto en la cocina del restaurante, ya que la normativa vigente prohíbe la elaboración de comida en plena calle. “Eso sí, las empanadillas se terminan en el momento en que el cliente nos la pide” señala Florencia.

 

A propósito de la legislación, ella piensa que va a cambiar pronto dado el éxito de esta tendencia y que en uno o dos años se verán camionetas por las calles. Ya comienza a pasar, pues en las últimas fiestas de Valladolid el ayuntamiento les permitió aparcar en pleno centro de la ciudad y “el alcalde de otro pueblo lo vio y decidió copiar la idea”, afirma Florencia.

 

¡No a la moda pasajera!

 

Para el público la experiencia está llena de buenos ingredientes. Así lo afirma Cristina Santorio, editora madrileña: “Me encantan la oferta culinaria, el buen ambiente y los diseños de las furgonetas. No tanto las colas, debido a que cada vez este evento es más popular, son en algunos casos muy largas”.

 

 Extensas colas y precios en ocasiones no tan asequibles, como anuncia la organización son las principales quejas de los asistentes. Pero los cocineros llenan de optimismo el paisaje y no solo con sus sabores y olores. Hay incluso empresas que se dedican al alquiler de este tipo de vehículos, que requieren un permiso especial del Ministerio de Industria y que han de llegar al evento en grúa, pues no pueden circular por la ciudad.

 

La organización reparte 500 sillas y 200 mesas, aunque los asistentes no renuncian a utilizar los jardines donde improvisar su picnic. Y es que, como dice la madrileña Yolanda Meneses, otra de las asistentes, se trata de una “buena alternativa para poder degustar comida variada de forma informal disfrutando a la vez de la calle”.

 

Algunas de estas camionetas son populares, pues son sucursales de restaurantes que atraen de esta forma a un público más variopinto. Esta es una de las razones por las que Miguel Sáiz, otro madrileño, se ha convertido en un asiduo a este tipo de eventos. “Es muy de agradecer la llegada de estas furgonetas como una alternativa más a la oferta gastronómica y de ocio de Madrid. Una vez al mes, puedes recorrer en un mismo lugar los locales más de moda en los que habitualmente es muy difícil conseguir mesa”.

 

Los cocineros itinerantes comienzan ya a agruparse en asociaciones que defienden sus intereses y tratan de cambiar la legislación, persiguiendo que sea tan permisiva como en otros países, donde las camionetas pueden aparcarse en las principales calles de las ciudades sin necesidad de recurrir a este tipo de eventos.

 

Street Food Madrid, con cerca de un centenar de profesionales asociados, es una de ellas y trabaja sin tregua para conseguir que este fenómeno no sea una moda pasajera y que se convierta en sinónimo de calidad, alejándose del estigma de comida basura que le persigue. En el resto de España también están surgiendo voces y cocineros que llevan sus manjares sobre ruedas.

 

La “gastroneta”

 

El éxito de esta tendencia gastronómica ha provocado la proliferación de artículos y reportajes hablando sobre el tema. En todos se utiliza el anglicismo food truck para referirse a los vehículos donde se preparan los platos. La Fundación del Español Urgente (Fundeu) se ha apresurado a señalar la incorrección de este término. En su lugar, aconseja emplear “gastroneta” como alternativa con el sentido de “camioneta en la que se preparan platos de alta cocina, a menudo en ferias gastronómicas”.

 

Fundeu explica que “el anglicismo food truck puede traducirse como camión de comida, camioneta de comida o puesto de comida ambulante/itinerante, expresiones con las que se alude a cierta clase de vehículos en los que se venden alimentos y, con frecuencia, comida rápida”. Además, la fundación lingüística añade que “cocineta” es también un término válido, aunque más ambiguo, ya que hace referencia “a una cocina pequeña integrada en la sala de estar de una vivienda”.

 

©veintemundos

 

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