La sabiduría de una abuela maya

 

 

Graciela Sales García es una tejedora y guía espiritual. Nació y creció en una comunidad rural e indígena de Guatemala. A pesar de la difícil situación que vivió desde su niñez y la falta de educación ella ha sabido salir adelante. Hoy es un ejemplo debido al trabajo que ha realizado en su municipio y comunidades aledañas. En sus tejidos y trabajos sigue viva la sabiduría ancestral maya de sus abuelos, la cual se está perdiendo en otras comunidades y pueblos de esta región.

 

Texto : Sandra Sales García
País: Guatemala

 

Graciela es una de las pocas mujeres de su edad (84 años) que todavía practica la sabiduría ancestral de los mayas a través de sus funciones como guía espiritual y sus tejidos. Esta mujer es mi abuela, y ello, en parte, me motivó a entrevistarla y a dar a conocer su notable experiencia de vida. Nos sentamos en la banquita frente a su casa de adobe rodeados de árboles y animales domésticos. La tranquilidad y serenidad del lugar nos lleva al pasado…

 

Graciela nació en 1931 en San Rafael Pétzal, un municipio ubicado al noroccidente de Guatemala donde tenía lo mínimo para vivir con su familia. Cuenta que no tenían servicios básicos en el pueblo, todo estaba aislado; ni siquiera un puesto de salud o clínica médica. “Incluso ahora las cosas siguen casi igual porque en el pueblo no alcanzan los insumos que tiene el centro de salud. Muchas personas se mueren porque no tienen los recursos para pagar servicios privados y la mayoría de los habitantes de este pueblo son indígenas y hablantes del idioma Maya Mam”.

 

En donde nació, estaba rodeada de bosques, montañas, colinas, animales silvestres y ríos. Sin embargo todo fue cambiando conforme pasaba el tiempo; hoy en día ya no se ven los animales rodeando las casas, aullidos de lobos por las noches, venados correr de cerca. Primero porque la población aumentó y segundo porque la gente es menos respetuosa con la naturaleza.

 

En esa época, cuenta, la gente no dependía de los programas del gobierno porque no existían. Todos trabajaban en sus parcelas. Muchas familias se iban a la costa sur del país para el corte de café, la caña de azúcar y el algodón. En el caso de las mujeres los finqueros las contrataban para cocinar para los cientos de hombres que reclutaban cada año para la zafra.

 

Yo era una de esas mujeres que año tras año solicitaban los patronos de las fincas de la costa sur. Cocinaba muy rico; me gustaba preparar las hierbas en los caldos, guisados y asados; la gente se admiraba de los platillos que cocinaba a diario”, recuerda mi abuela.

 

 Naturaleza y espiritualidad

 

Aunque tuvo una vida dura, Graciela siempre mantuvo una convivencia respetuosa con la naturaleza. “Podemos tener todo de ella, siempre y cuando sepamos cómo llevar una relación armónica con lo que nos rodea. Cuando yo sembraba maíz, frijol y calabazas sabía que crecerían muy bien, porque antes me encargaba de abonar con desechos orgánicos las parcelas que se necesitaba para las siembras y cosechas. Esto ayuda a mantener húmeda la tierra y así no consumir mucha agua en el riego, sobre todo en tiempos de sequía”.

 

Mi abuela nació bajo la protección del nawal Kan según la cosmovisión maya que literalmente significa paz y justicia. “Quizás es por este nawal que siento una gran energía para vivir y una gran responsabilidad con la madre naturaleza”. Nunca necesitó de químicos o insecticidas para controlar plagas, enfermedades e insectos como lo hace la gente actualmente, porque simplemente no había.

 

Mientras desgranaba maíz sentada fuera de su casa, recuerda el papel de las plantas medicinales en épocas difíciles: “Cuando los alimentos eran escasos las plantas no solo fueron medicina para mi familia sino gran parte de lo que comíamos; muchas de ellas tienen propiedades nutritivas. Era una época de mucha pobreza y de miedo”.

 

Desde sus 30 años tuvo que desempeñar el papel de curandera en su comunidad, usando plantas medicinales para sanar a las personas de heridas y enfermedades producidas durante la época del Conflicto Armado Interno en Guatemala.

 

Según relata, tenía que auxiliar a la gente que se encontraba enferma en sus casas, sobre todo a las mujeres embarazadas, niños y bebés. Ellos no podían salir de sus comunidades, el ejército prohibía que la gente se movilizara, de lo contrario los acusaban de ser guerrilleros. De lo poco que tenían para comer y sobrevivir, los soldados se lo robaban y a veces los dejaban sin nada. “Es por eso que le doy mucha importancia al trabajo con la tierra, porque gracias a eso yo no tuve que migrar y huir, aunque he trabajado muy duro para salir adelante”.

 

En varios municipios de Huehuetenango, conocen a Graciela como guía espiritual. “Para mí representa un gran compromiso, ya que la figura de un guía espiritual es como el de una autoridad ante la comunidad y el pueblo en general”. La gente conoce a los guías espirituales porque el trabajo que realizan es para el bienestar de todos, actúan e intervienen en las decisiones que tienen que ver con la vida cotidiana y el cuidado de los recursos naturales.

 

 Tejidos y cultura ancestral

 

En la elaboración de los tejidos y diseño de trajes tradicionales como el güipil se plasman los conocimientos producidos del calendario sagrado maya (Cholq´ij) y los aspectos principales de la cultura, explica Graciela.

 

Los abuelos del pueblo maya crearon, entre otras cosas, el calendario sagrado maya. Este tiene dos aplicaciones principales: identifica los días y momentos propicios para actividades colectivas como la siembra y cosecha, respetando los ciclos naturales de cada planta, ceremonias, inauguraciones de casas y casamientos. Por otro lado, identifica la conducta natural de las personas por medio del nawal, es decir, características positivas y negativas. “La enseñanza y ejercicio de la espiritualidad maya por medio del Cholq´ij orienta el respeto por la madre tierra. En mis tejidos sigue viva la sabiduría de nuestros ancestros”.

 

Mi abuela nunca fue a la escuela pero sabe contar y leer los acontecimientos naturales a través del movimiento del sol y la luna. “Para los ancestros no existía la tecnología que hoy utiliza la gente. Los abuelos dedicaban un tiempo específico para leer lo que iba a pasar en los siguientes días, meses y años; y lo hacían únicamente observando; a mí me enseñaron a contar por medio de los granos de maíz y el cacao, sobre todo el cacao porque fue la base para el intercambio de alimentos”.

 

Cuando extranjeros y nacionales pasan por la comunidad y la visitan para admirar y comprar sus tejidos, ella siempre comparte y explica el significado de las figuras que llevan los tejidos. Los visitantes se asombran por la finura, precisión y calidad de sus trabajos, sobre todo porque los teje a mano, auxiliándose nada más de un par de palos de madera e hilo.

 

Aunque la tecnología ha llegado al pueblo de mi abuela, muchos jóvenes siguen trabajando la tierra, tejiendo sus vestimentas y practicando la Cosmovisión Maya, de lo cual la abuela se siente orgullosa porque ella ha sido parte de ese rescate, práctica y conservación de conocimientos milenarios.

 

San Rafael Pétzal

 

La distancia de esta localidad, ubicada a 1800 ms.n.m, a la ciudad de Guatemala, es de 288 km. Actualmente tiene casi 14 000 habitantes según datos municipales. De la población total el 96.6% es indígena de la etnia Mam, de los cuales 16% se ubica en área urbana y 84% en rural, según datos de la Secretaría General de Planificación (SEGEPLAN). El nivel de pobreza del municipio se encuentra en 87.93%, del cual el 41% equivale a pobreza extrema. Los habitantes de este municipio se dedican al cultivo de maíz, frijol, café y caña de azúcar. Asimismo elaboran tejidos típicos de algodón y calzado de cuero.

 

En cuanto a la vestimenta, las mujeres han jugado un papel importante en su conservación y uso diario. Prueba de ello es el testimonio de dos mujeres jóvenes, Élida y Magdalena (ambas de San Rafael Pétzal), quienes manifiestan lo valioso que es para ellas el seguir usando la vestimenta de las ancestras, ya que forma parte de la identidad cultural. También expresan que no solo tejen su ropa, sino también lo hacen para vender ya que es un medio de sustento para sus familias.

 

©veintemundos

 

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