Guachimanes: celosos vigilantes de las calles de Lima

 

 

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) el robo de viviendas se incrementó durante el año 2014 en ciudades peruanas como Trujillo, Huancavelica, Cusco, Juliaca y Lima. Por tal motivo, desde hace algunos años los limeños han tomado diversas medidas de protección instalando, por ejemplo, rejas en algunas urbanizaciones. Pero también existen otras alternativas para combatir la delincuencia: los “guachimanes”, vigilantes que se han vuelto imprescindibles en muchas calles de Lima y que cumplen labores que van mucho más allá de solo resguardar la seguridad de los vecinos.

 

Texto y fotos: Mónica Giersbach
País: Perú

 

La encuesta realizada por el INEI muestra que en el 85% de los entrevistados la percepción de inseguridad se mantiene como en años anteriores. Esto se manifiesta en la reacción de los vecinos de diversas urbanizaciones de Lima, quienes se han organizado para formar una junta directiva que los represente ante las municipalidades de sus respectivos distritos a fin de tomar las medidas necesarias de seguridad y prevención.

 

Muchos vecinos se han visto obligados a instalar en sus casas alarmas y cercos eléctricos, los cuales abundan en diversas zonas de la capital. Pero también se ha intensificado la necesidad de contar con vigilantes, quienes llevan a cabo sus funciones en las calles de Lima, una ciudad con más de ocho millones de habitantes.

 

Estos vigilantes desempeñan una valiosa labor: son los encargados de observar los vehículos que entran y salen de la urbanización. De noche y de día los vemos en sus casetas en la puerta de entrada, lugar ideal para conocer a los vecinos que circulan por el barrio. Son respetuosos, amables y al mismo tiempo, están siempre alertas a cualquier irregularidad. Sin embargo, no están facultados para administrar justicia, sino más bien colaboran estrechamente con la policía. Y, ante movimientos sospechosos, se ponen rápidamente en contacto con ellos.

 

Los vecinos entregan una cuota mensual a la junta directiva que se encarga de realizar los pagos a los vigilantes responsables de la puerta de acceso”, nos explica una vecina de una urbanización del distrito de Chorrillos, que se dirige apresuradamente a tomar un taxi a la vuelta de la esquina.

 

 Guardia de confianza

 

Este tipo de vigilante es conocido como “guachimán”, que proviene del inglés watchman, palabra reconocida por la RAE.

 

Desde el año 2000, Gabriel (65) trabaja como guachimán durante el día en una calle de Chorrillos y se ha ganado la confianza de los vecinos a lo largo de estos años. Sus obligaciones y actividades se extienden más allá del ámbito propio de su oficio. Por ejemplo, lava carros de los vecinos quienes le encomiendan, a ojos cerrados, las llaves de sus vehículos para que los limpie por dentro y por fuera.

 

De esta manera me es posible aumentar mis fuentes de ingreso, puesto que el dinero de mi jubilación no me alcanzaría para afrontar mis gastos”, confiesa Gabriel. Por esta razón, él no dudó ni un segundo en aceptar el trabajo de vigilante que le ofreció un vecino hace 15 años. Al comienzo, el dinero fue su principal motivación. Hoy, Gabriel encuentra plena satisfacción en atender las necesidades de la gente de la cuadra y cualquier eventualidad.

 

Lo que más valora Gabriel de su trabajo es la flexibilidad para realizar otras tareas útiles y gratificantes. “En la calle disfruto inmensamente del contacto con las personas que transitan por ahí”, asegura. Es habitual ver a Gabriel acompañando a los vecinos hasta el interior de sus casas llevando bolsas de compras. “En otras ocasiones pasea a nuestra perra, que se pone muy contenta cada vez que la saca”, señala la señora María, ama de casa de 72 años.

 

Para muchos vecinos sería inconcebible prescindir de él. “Lo apreciamos bastante, ya que es muy servicial”, afirma el hijo de una vecina. “A pesar de ser un hombre callado y reservado, Gabriel acude inmediatamente al lugar que sea necesario para prestar ayuda. Es un alivio poder contar con él”, nos comenta Marta, quien trabaja de enfermera en casa de una familia.

 

Marta agrega que hace algún tiempo la señora para la cual trabaja, Rosa, sufrió una caída al bajar de su carro. “Al percatarse de lo ocurrido Gabriel ayudó al esposo a levantarla y llevarla a una clínica cercana en una silla de ruedas. El señor Alberto, que tiene 91 años, estaba muy nervioso para poder conducir. Además, la señora Rosita apenas se podía mover y no estaba en condiciones de subir al carro”, relata la enfermera.

 

Tales experiencias impulsan a Gabriel a seguir ejerciendo su oficio con empeño y dedicación, aunque hace muchos años tuviera que poner en peligro su vida al enfrentarse a unos asaltantes que pretendían robar el carro de un vecino.

 

 Salvando vidas

 

Desde la instalación de rejas en muchas urbanizaciones de Lima ha surgido también un nuevo tipo de vigilante que controla el ingreso y la salida por la puerta de acceso. Junior y Julio pertenecen a este grupo de vigilantes que además realiza rondas en bicicleta para reforzar la seguridad en las calles de la urbanización. Estos guardias han sido contratados por la junta directiva de los vecinos de la urbanización, a través de una compañía de vigilancia.

 

El ingenio no tiene límites. Debido al incremento de asaltos en la capital y a la falta de protección de la policía hay que tomar otras medidas de seguridad”, añade una vecina que prefiere quedar en el anonimato. Tocando un pito los “ronderos” anuncian su presencia en el barrio brindando un poco de tranquilidad a los vecinos.

 

Simultáneamente, el trabajar en bicicleta les permite a los vigilantes mantenerse en forma y controlar mejor el normal desenvolvimiento de la vida de las personas de la urbanización.

 

A Junior también le gusta mucho su trabajo; siempre está con una sonrisa en los labios. Él nos relata una dramática y conmovedora anécdota: “Una vez una señorita quiso atentar contra su vida lanzándose del malecón. Yo estaba rondando la zona cuando escuché una llamada de auxilio y acudí. La señorita estaba cinco metros abajo y tuve que descender para ayudarla. Gracias a Dios todo salió bien. Vino la ambulancia y la estabilizaron”.

 

A diferencia del horario de trabajo de Gabriel, los vigilantes de la puerta están de servicio las 24 horas del día (en dos turnos). Julio, colega de Junior, recuerda que en octubre hubo un incendio en una calle que se ecuentra a pocos metros. “Ahí tuvimos que apoyar de forma inmediata para permitir el ingreso de los bomberos porque muchos vehículos mal estacionados impedían el tránsito hacia el siniestro”.

 

Lo más relevante para este equipo de vigilantes fue “el reconocimiento de los vecinos por nuestro esfuerzo desplegado en ese momento. Gracias a Dios no hubo desgracias que lamentar”, finaliza Julio.

 

Tres hombres, tres vidas, una ocupación. Si bien es cierto que este oficio implica un cierto riesgo, tanto Gabriel como Junior y Julio comparten su amor y abnegación incondicional por su trabajo. Y, de hecho, los vecinos coinciden en reiterar su plena satisfacción y reconocimiento al personal de seguridad y vigilancia de la urbanización, incluido Gabriel, el eficiente y abnegado guachimán.

 

Novedoso plan de seguridad

 

Las autoridades municipales de Lima llevaron a cabo recientemente un operativo de vigilancia en el Cercado de Lima, mediante el empleo de tres drones en las zonas exteriores del Mercado Central, Mesa Redonda, Avenida Grau, Damero de Pizarro y el conglomerado de Las Malvinas. Este plan tuvo como objetivo evitar accidentes debido al almacenamiento de productos pirotécnicos prohibidos, ya sea en los techos de las galerías o en las calles obstaculizando las vías de acceso.

 

El operativo se ejecutó entre el 16 de noviembre y el 31 de diciembre, en coordinación con la Policía Nacional, el Ministerio Público, los bomberos y el Serenazgo. Asimismo, el uso de esta tecnología permitirá detectar robos al paso, brindando así una mayor protección a los ciudadanos. Por consiguiente, se resguardó la seguridad de los comerciantes, turistas y público en general que realizaron sus compras navideñas en esta concurrida zona comercial durante las fiestas de fin de año.

 

©veintemundos

 

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