El mando de la tele

 

 

ÁGATHA: Qué extraño? No funciona.

 

MICHAEL: ¿Tiene pilas?

 

ÁGATHA: Sí, sí, las cambié ayer

 

MICHAEL: ¿¡Qué raro¡?

 

ÁGATHA: Sí, qué extraño… ¿No se te habrá caído al suelo?

 

MICHAEL: ¡No!

 

ÁGATHA: ¿Seguro?

 

MICHAEL: Segurísimo.

 

ÁGATHA: Michael, confiesa…

 

MICHAEL: ¿Que confiese el qué? Te digo que yo no he roto nada. El mando estaba así cuando he llegado.

 

ÁGATHA: Sí, Sí, lo mismo pasó con la lavadora. Tú no sabías nada y al final encontramos…

 

MICHAEL: Lo de la lavadora no fue culpa mía, fue la pulsera.

 

ÁGATHA: Estoy un poquito harta de que vengas a mi casa y no respetes mis cosas. ¡Te recuerdo que eres un invitado y no el dueño!

 

MICHAEL: Tranquila, tranquila, que te va a dar algo.

 

ÁGATHA: Ya verás cuando mi padre se entere de que se ha roto el televisor. Y ahora no tengo dinero ni para arreglarlo ni para comprarme uno nuevo.

 

¡Qué desastre! Y todo por tu culpa.

 

MICHAEL: Muy bien, tú sigue sin creerme.

 

SANDRO: Chicos, ¿habéis visto mi calculadora?

 

ÁGATHA: Sorry?!?!?!?!?!?

 

©lingus

 

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